La ópera Benjamin a Portbou, primera partitura operística de Antoni Ros-Marbà, se presentó en el Gran Teatre del Liceu los días 19 y 21 de julio en versión semiescenificada. Uno de los elementos más potentes de la propuesta fue la instalación lumínica firmada por Playmodes Studio, que llevó al escenario una relectura escénica de su instalación Signes generando una atmósfera emblemática y dinámica para la acción.

Con dirección escénica de Anna Ponces, la ópera recrea la última noche del filósofo Walter Benjamin, marcada por la memoria, el pensamiento y la frontera. Este carácter abstracto y emocional fue amplificado por una escenografía donde la luz era protagonista, una apuesta que reafirma el potencial expresivo de la iluminación escénica.

Una instalación que transforma la escena
Playmodes adaptó la instalación lumínica Signes — que estrenaron para el festival Llum BCN 2023— para esta producción operística. El reto fue convertir un artefacto visual autónomo en un agente escenográfico capaz de evolucionar con la dramaturgia musical. El resultado fue una coreografía de luz suspendida, matérica y sensible, que articuló la atmósfera de la ópera sin necesidad de elementos escenográficos tradicionales.

La iluminación no acompañaba la escena, sino que la creaba. Su variabilidad cromática, las texturas digitales y la capacidad de pulsar con el ritmo de la música generaron un espacio dramático que respiraba con el personaje y sus recuerdos.

Pensar desde la luz
La ópera, estructurada en 13 escenas, transcurre en la habitación de un hotel en Portbou la noche del 26 de septiembre de 1940. Allí, Benjamin recuerda figuras clave de su vida —Dora Pollack, Brecht, Asja Lacis, Hannah Arendt— y al mismo tiempo proyecta su pensamiento en un contexto marcado por la persecución y el exilio.

Frente a un texto poblado de elementos filosóficos y simbólicos, la decisión de apostar por una escenografía dominada por la luz, permitió mantener la escena abierta, vibrante y sugerente. La atmósfera que genera la instalación de Playmodes, lejos de ilustrar, funcionó como una membrana visual que amplificaba el pensamiento del protagonista: su angustia, su lucidez, su último intento de comprender el mundo.

El vestuario de Adriana Parra y Sílvia Delagneau, junto con el diseño escénico de Andreu Fàbregas, completaron una estética contenida, precisa y envolvente. Una ópera que no solo homenajea a Walter Benjamin, sino que dialoga con su legado a través de un lenguaje escénico, que combinando disciplinas, se halló, profundamente conectado con su pensamiento.

Dirección de escena: Anna Ponces
Escenografía e iluminación: Playmodes Studio y Andreu Fàbregas
Producción: Gran Teatre del Liceu
Diseño de vestuario: Adriana Parra y Sílvia Delagneau
Coro del Gran Teatre del Liceu (Pablo Assante, director)
Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu
Director Antoni Ros-Marbà
Fotografia: David Ruano




