«Colon lava más blanco», la última protesta de Luzinterruptus

13/08/2013

El colectivo Luzinterruptus, cuyas acciones reivindicativas se han convertido en todo un referente en los blogs y medios de comunicación de todo el mundo, ha vuelto a la carga con una nueva protesta en la ciudad de Madrid. Esta vez, poniendo en evidencia la absurda decisión de los gobernantes de la ciudad de mover la estatua de Colón, eso sí, pagada con el dinero público, tan abundante en estos momentos. Pero mejor nos lo cuentan ellos mismos:

«Parece que al insigne navegante y descubridor, Cristóbal Colón, no lo dejan parar quieto, ni 500 años después de su muerte.

Si en el mes de junio, la retirada de su escultura de las calles de Buenos Aires puso en pié de guerra a las autoridades argentinas, en Madrid, en el 2009, con una crisis económica ya bien entrada y un ayuntamiento endeudado hasta las cejas, se decidió trasladar el mismo monumento, que en este caso, llevaba 34 años ocupando un lugar de altísima visibilidad en el Eje Prado-Recoletos, con unos gastos de casi 4 millones de euros, sacados del Fondo Estatal de Inversión Local (FEIL), para mover su ubicación unos pocos metros y dejarla bien alineada con el centro de la plaza que lleva su nombre. Se llevo a cabo con cargo, no al bolsillo de los madrileños, sino al de todos los españoles, por si a alguien le sirve de consuelo.

Menos mal que tuvo el loable propósito de que los peatones madrileños tuviéramos más espacio para transitar, poco creíble excusa, sólo hay que mirar el desproporcionado uso privado que se hace de nuestro espacio público, para ver que no debió ser el verdadero motivo.

Este corto y costoso paseo, trajo consigo, una vez más, importantes negocios para el sector de la construcción, del tipo de los que generan cantidades de dineros negros repartidos “según valía” por tesoreros eficientes, con vocación del carteros.

A modo de recordatorio, en el lugar que anteriormente ocupó Colón, aun permanece su pedestal. un basamento de granito elevado mas de un metro y rodeado de agua, que ahora vacío aunque muchos andan ya disputándose sus posibles usos, artísticos unos y otros no tan bienintencionados.

Este espacio, nos ha venido provocando enormes ganas de intervenirlo desde que quedó sin su principal habitante, y por fin, una noche de finales de julio, nos decidimos a rendir nuestro personal homenaje al famoso navegante, que tantos réditos ha aportado a la historia de nuestro país, dejándonos en herencia un imperio en el que nunca se ponía el sol, muy mermado a día de hoy por la “crisis de los mercados” y la rapiña de unos pocos países que se llaman aliados, aunque en realidad hagan funciones de verdugos…

Para la pieza Colón lava más blanco, siempre tuvimos en mente al detergente Colón, ese de toda la vida, el primer producto en polvo que según prometía en su publicidad, lavaba más blanco, y en cuyo envase mítico, muchos niños hemos atesorado nuestros más preciados juguetes.

Quizás sea con esta mágica pócima, con la que se ha estado lavado el dinero negro de España desde sus orígenes, para convertirlo en otro, más blanco y más límpio y de perfecto uso legal.

Para dar forma a la pieza, creamos una versión actualizada del embase, compramos 50 bidones reciclados, a los que metimos luz y pegamos etiquetas, inspiradas en las que actualmente están en el mercado. Con estos módulos, perfectamente apilables, utilizados a modos de píxeles luminosos y tridimensionales, construimos una versión simplificada del monumento y la subimos al pedestal, donde por una noche, impuso su luminosa presencia, haciendo competencia a la gris piedra de la escultura original.

Permaneció allí toda la noche, y a la mañana siguiente aun se podía ver, erguida y desafiando a los equipos de limpieza que por allí rondaban sin atreverse a quitarla, por miedo a destruir quizás, la acción publicitaria de una marca que hubiera pagado para estar.

Por la tarde, un paseante ajeno al contexto, decidió darle un uso acorde a sus intereses personales, utilizando los bidones como cama improvisada en la que se echó una buena siesta, desmontando sin mayor problema, parte de la construcción. El aspecto que daba era realmente el de un naufrago en una isla desierta, con gran bandera incluida y rodeado de agua.

A nosotros, por supuesto, nos pareció de lo más adecuado de acabara sirviendo a tan saludable fin y encantados dejamos al buen señor en su intimidad, sin poder evitar pensar en que si la pieza hubiera tenido una apariencia más artística, no hubiera durado ni la mitad de tiempo en uno de los espacios con más visibilidad de la ciudad.»

Imágenes:  Gustavo Sanabria

Tiempo de montaje: 3 horas.
Daños ocasionados: 0.
Permanencia de la intervención: 16 horas.

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