Crónica de un adicto a la Fête des Lumières

11/12/2016

Por Alfred Sá

Para un adicto a la iluminación como yo, apasionado de las tecnologías que posibilitan el milagro de la luz, la Fête des Lumières de Lyon es una suerte de parque temático al que me gusta acudir siempre que me es posible.

Tras los atentados de Paris del pasado año, la edición del 2016 ha estado marcada por las medidas de seguridad impuesta por organización del festival. Estas medidas se han traducido en una reducción de su duración, llevándose a cabo durante 3 días en lugar de los 4 habituales, y en una masiva presencia policial, con numerosos puntos de control, calles unidireccionales o prohibidas y largas vueltas para acceder a algunas instalaciones. En algunos momentos ha resultado francamente pesado, pero no me quejaré, todo ha sido en nombre de la seguridad.

A pesar de que el festival se ha concentrado, las 3 rutas marcadas ha permitido a los visitantes disfrutar de 42 instalaciones de todo tipo: fachadas, calles, monumentos y jardines envueltos en una nueva luz. Para haceros una idea, en las 2 noches que Montse Castells y yo dedicamos a recorrer el festival, nos resultó imposible visitarlas todas. El frio invernal en las calles era tan intenso que nos obligaba a parar de vez en cuando para tomar un té o un vino caliente y entrar en calor.

¿Pero cuáles han sido las instalaciones más sobresalientes? Para seguir un criterio, puntuaré mis favoritas de 0 a 10. La mejor, con un 10, ha sido Evolutions, una epopeya poética que combina proyecciones y rayos láser para contar la historia de la Catedral de San Juan. Espectacular, increíble, insuperable, te deja con la boca abierta y babeando de emoción. Tanto me ha fascinado que la he visto 4 veces después de hacer una interminable cola. La hubiera visto 10 veces más. ¡Con un “vin chaud” en la mano claro!

Mi segunda preferida, con un 9,25, ha sido Roboticum, la instalación de robots de brazos metálicos articulados y animados, discutiendo entre ellos en la Place Bellecour. Divertidísimo el baile entre ellos con música de comedia, o de Can Can, con varios efectos sobrepuestos, y los pequeños robots R3D3 cuchicheando y contando chismes con voz de niños traviesos.

Platonium, una luminaria monumental formada por laminas de tejido luminoso en el Cour de l’Hôtel de Ville, se merece un 9. Diseñada mediante una investigación científica avanzada reinterpretada por los artistas Eric Michel y Akari-Lisa Ishii, Platonium ofrece imágenes misteriosas que juegan con las fachadas iluminadas. Si hubieran añadido otros juegos o combinaciones de colores hubiera sido todavía más impresionante y hubiese llegado a la perfección.

La Fontaine d’étoiles en la Place des Jacobins es una fantástica recreación de la fuente mediante técnicas de inundación de luz combinadas con laser. Las tonalidades cambian de pasteles a colores inversos, luego fucsias o efecto luz negra, dibujando los contornos con luz super intensa o marcando los perfiles de cada elemento de la fuente con una línea oscura. El mapping ascendía desde abajo simulando que la fuente se vestía con unos pantalones de luz, hasta quedar perfectamente iluminada, siempre diferente, y vuelta a empezar. Quizá un poco repetitiva la sucesión de efectos. Hubiera sido genial poderla contemplar sin 500 visitantes frente a mi. Después de quedar maravillado, leo en el abstrac que se trata de un homenaje al arte en todas sus formas. Nota: 9

Vols de nuit, una ensoñación alegórica sobre la vida y la obra de Antoine de Saint-Exupéry en la Place Antonin Poncet, se encuentra también entre mis favoritas. Preciosos los colores y buen diseño del efecto del avión bañado de luz por todos los lados, arriba, abajo, alas, todo. Para verlo bien debías esperar a la siguiente ronda, cuando se dispersaba la gente, y situarte en primera línea. Mi puntuación: 8

Con la misma nota, Voyage es una buena instalación que muestra como una estela de luz ilustra el movimiento del reloj de la Gare Saint-Paul. La estación es un edificio pequeño que con la proyección crece hasta parecer gigante. Pero es mejor verla antes de la de la Catedral Saint Jean ya que pierde con la comparación.

Off Lines también se merece un 8. Sencilla pero interesante. Una trama de trescientas veinte líneas luminosas formando un entramado geométrico bailando con la música electrónica. El problema es que la gente está demasiado cerca de los tubos de luz. Cuando logras que el turista despistado saque la cabeza de tu línea de visión, puedes llegar a obtener fotos bonitas.

Coups de coeur. Palpitaciones incesantes de un gran corazón rojo “BOM-BOM, BOM-BOM, BOM-BOM…”. El ritmo de la música lo marcan las pulsaciones de cada pareja de enamorados que se acerca a una gran cónsola y el público los jalea y aplaude. Simpático. Quiza demasiado rojo en el ambiente para mi gusto, pero ya se sabe, los corazones son rojos y el amor todo lo tiñe. Nota: 8

Destacar con un 7,5 Arbore’lum, la instalación en la Place Louis Pradel, rodeada por setos de juncos luminosos sonoros, que la convierten en un bosque, un campo o un misterioso jardín. Otra vez, sin tanta gente seria una maravilla. Después de esperar sin suerte a un amigo en plena calle estoy tiritando de frio y me resulta casi imposible apretar el obturador de la cámara.

Mencionar como decepcionante el gran espectáculo Sans dessus, dessous, un viaje imaginario siguiendo los pasos de un cambio climático en la Place des Terreaux. La instalación es genial pero peca de proyectar demasiadas imágenes en una historia fantasiosa, unido a la incomodidad de tener que presenciarlo entre centenares de personas aborregadas, después de un difícil acceso a la plaza por las medidas de seguridad. Un 6,5 de nota que podría subir a un 7,5 visto con calma y en una posición correcta.

Pero tampoco quiero dejar de mencionar otras instalaciones de gran belleza plástica. La primera, Un songe forain era como una película infantil expuesta sobre una noria que gira y gira. Una historia trepidante representa al espectador montado sobre una vagoneta de la montaña rusa. Si viéramos esto mismo en un cine, cerca de la pantalla, seria brutal, pero con la distancia se pierde un poco el efecto. Nota: 6,5

La estructura del barquito The Bright Boat, en la Passerelle Abbé Couturier, es un poco infantil, simple, pero los remos de luz son muy originales, un gran invento. Lo mejor, los reflejos en el agua de todo el conjunto que se observa desde el puente contiguo, a casi 200 metros de distancia. Los reflejos siempre me han fascinado, cuando alguien ve luz yo siempre veo reflejos. Nota : 6

Caprice, bellas líneas de luz bailando al son de la música clásica. Para disfrutarla era necesario no tener prisa, cargarse de paciencia y relajarse viendo los reflejos en el agua. Más contemplativa que espectacular. Nota: 5

Con Jurassic Spark, si no lees antes el abstract de la escultura luminosa crees que te han tomado el pelo. En realidad es un estegosaurio de la época jurásica-industrial. “¡Ahhh, ufff, vaya, ahora lo entiendo!” Nota: 4

Como resumen diría que la Fiesta de las Luces de Lyon tiene numerosos aspectos positivos y algunos inconvenientes. Si logras aislarte mentalmente de estos últimos, consigues disfrutar plenamente del festival. Yo cada año me digo “el próximo no vuelvo, demasiada gente, demasiado frio”, pero como un verdadero adicto a la iluminación, tras un año sin asistir empiezo a preparar el viaje, deseando volver. Lumínicamente, es un festival imprescindible. Eso sí, importante llevar una buena cámara, no olvidar el trípode, armarse de paciencia, ir acompañado de poca gente, hacer paradas de vez en cuando para tomar algo calentito…¡Y a divertirse!

Alfred Sá es diseñador de iluminación, fundador del estudio Nur Lighting Design.

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