El Despertar, paseando por un extraño sueño

El Despertar, Alvaro Urbano, instalacion luz
17/03/2020

Atravesamos la gran puerta metálica de la sala A de La Casa Encendida de Madrid para adentrarnos en un  sueño. Un espacio donde los límites se difuminan entre una espesa niebla color mostaza  que nos evita distinguir lo real de lo onírico. Escuchamos sonidos que se funden con una inquietante luz débil que parpadea, deseamos que deje de hacerlo o se apague del todo, pero no lo hace, al contrario, permanece en estado latente. Sin darnos cuenta ya estamos dentro,  inmersos y empezamos a contemplar lo que nos rodea.

Paseamos despacio, como con miedo de romper algo, esperando una sorpresa que no llega. En nuestro camino se dibujan muros de ladrillo, son metálicos y sin volumen, siluetas rotas  y transparentes por la que crece vegetación que parece apropiarse de un espacio abandonado. Los hexágonos de luz nos indican el camino a ninguna parte entre la densa niebla que no nos permite reconocer las caras de aquellos que nos acompañan, como sucede en la mayoría de los sueños. No conocemos el lugar pero intuimos que fue, es ó será especial.

Algunas de estas sensaciones son las que es lo que podemos vivir en El Despertar, la última obra del arquitecto Alvaro Urbano, profesor en la École Nationale Supérieure des Beux-Arts de París. Si bien es cierto que en ocasiones solo basta con vivir la experiencia de una instalación de arte en este caso es importante conocer el contexto para entender la obra.

El Despertar es la abstracción onírica del Pabellón de los Hexágonos, propuesta española galardonada con la Medalla de Oro de la Exposición Universal de Bruselas de 1958. El Pabellón se componía de un sistema constructivo prefabricado capaz de adaptarse a la topografía y que al mismo tiempo permitía crecer o reducirse según sus necesidades, un concepto innovador de arquitectura vanguardista que le hizo ser merecedor de tal preciado premio. Reubicado en la Casa de Campo de Madrid este edificio sirvió como Ministerio de Agricultura en sus inicios o como Comisariado de la Feria de Campo en la década de los 60, lamentablemente en la actualidad en la actualidad se encuentra sumido en un estado de abandono en condiciones de ruina.

A través del uso de la luz, el humo y elementos sencillos reconocibles y controlados distribuidos en el espacio el artista consigue generar la atmósfera de un sueño que nos lleva a ese espacio fantasmagórico que inquieta e invita a reflexionar sobre el pasado, presente y futuro de la arquitectura, sobre una época de esplendor o sobre sueños que quisieron ser y no fueron.

En la programación oficial, y si el coronavirus lo permite, la obra permanecerá hasta el 19 de abril en La Casa Encendida, situada en la calle Ronda de Valencia 2 de Madrid.

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