Hay que ser realistas. O no. En la segunda jornada de PLDC2013.

02/11/2013

Varias conferencias del viernes en la PLDC de Copenhague han abordado el tema de la iluminación de galerías y museos, presentando casos, investigaciones y preguntas.

Michael Bamberger, por ejemplo, nos ha ilustrado el proyecto del Lenbachhaus en Múnich y Raoul Hesse el caso del Berggruen Museum. En ambos casos se ha apostado por la tecnología led, sustituyendo definitivamente la lámpara halógena en la iluminación de las obras de arte y de la arquitectura que las envuelve (a veces, una escultura en si misma).

Los leds, juntos con el sistema de control, pueden ofrecer varias ventajas, en términos de ahorro energético, confort visual, reproducción del color, mantenimiento. Pero presenta variables todavía poco controladas. Que se trate de resaltar la cromaticidad de Kandinsky o la plasticidad de Giacometti, la luz museográfica constituye un capítulo importante en la disciplina.

Malcom Innes al comienzo de la jornada se preguntaba en su ponencia si hay un blanco correcto en la iluminación de obras de arte: la temperatura de color afecta la percepción tanto del color como de la luminosidad.

Francesco Iannone le contesta con un método empírico en otra zona del encuentro: en el laboratorio experimental de iluminación ha instalado unas pinturas bajo distintas fuentes de luz, halógenas y led con varias temperaturas de color y ángulos de apertura. Cada grupo puede regularse independientemente, para poder llegar a una mezcla optima, según la percepción subjetiva de cada visitante. Iannone nos ha explicado que el autor de las pinturas, experimentando con la instalación, ha encontrado detalles que él mismo no había notado (no hemos preguntado bajo qué estado realizó los cuadros).

Parece que, en esta búsqueda para la iluminación perfecta de una pieza artística, queremos ser más realistas de la realidad. Se abre el dilema: una buena luz ¿es la que reproduce perfectamente el pigmento o la que reproduce las condiciones bajo las cuales se realizó? Para respetar las intenciones y sensaciones del autor que, por ejemplo, podría haberse inspirado bajo la luz tenue de una vela.

Llegamos al hiperrealismo de que nos habla Alessandro Gobbetti en su keynote. Arquitecto y experto en animación y efectos visuales en el cinema, ha ampliado el dabate sobre un sector paralelo pero afine: la reproducción y percepción de la realidad en las películas.

Que se trate de iluminar un espacio real o virtual, los desafíos y las preguntas que se pone el diseñador son las mismas. ¿Cómo dar profundidad a la visión? ¿Cómo resaltar algunos detalles? ¿Cómo crear emociones a través de la tecnología?

Tecnología que ha avanzado tanto que películas como Gravity Oblivion parecen, exactamente, más reales que un documental.

En las imágenes: el laboratorio experimental de iluminación en PLDC 2013; “Gravity” (Warner Bros).

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