La ciudad inclinada. Plan Maestro de Iluminación de Medellín y el valle de Aburrá

02/11/2014

Una miríada de puntos luminosos anaranjados que dibujan de noche el valle
Un alumbrado público que banaliza el espacio público

Por Roger Narboni

Llegar a Medellín de noche es descubrir de lejos una miríada de  puntos luminosos anaranjados que suben literalmente al ataque de las laderas hasta llegar casi hasta las crestas aún oscuras, pues no están urbanizadas.

Esta constelación luminosa gigantesca a nivel de suelo parece una inversión insólita de las  estrellas que casi no se ven hoy en el cielo de Medellín, tomando en cuenta la contaminación lumínica, el clima local muy húmido y la difusión luminosa importante generada por el valle densamente urbanizado.

Una multitud de punto luminosos anaranjados que componen el alumbrado público de los asentamientos informales, de altura de construcción muy baja, forma mayormente de noche un paisaje icónico y casi poético de Medellín, nacido de un acercamiento funcionalista sistemático, pero íntimamente ligado hoy día a su topografía y a su urbanización particular.

Esta multitud nos cuenta la voluntad política de desarrollar una igualdad de tratamiento nocturno de todos los espacios públicos de los diferentes barrios de la ciudad, pero se oponen y en realidad toman la ventaja sobre las imágenes nocturnas discretas y de poco valor de los barrios “chics” del sur, formados de torres altas y densas las cuales marcan completamente el alumbrado público en las visiones lejanas.

Así, de una cierta manera, el paisaje nocturno de los barrios “desfavorecidos” se transforma hoy en la vitrina del urbanismo social promovido por la municipalidad de Medellín. En esta malla naranja sistemática los grandes equipamientos deportivos a cielo abierto se diferencian con su luz blanca muy intensa.

De manera inversa, apenas entramos en el interior de la ciudad, estas mismas iluminaciones anaranjadas se tornan insípidas y monótonas. Banalizan el espacio público y no favorecen el paisaje tropical denso que caracteriza Medellín durante el día.

Los jardines y parques lineales que acompañan las quebradas que constituyen la infraestructura verde de la ciudad ya no se perciben de noche.

Las calles se siguen sin jerarquía nocturna, todas bañadas en la misma luz monocroma.

En la esquina de una calle del centro de la ciudad surgen fachadas reconocibles de lejos gracias a su luz verde o violeta muy intensa.

Las grandes torres y arquitecturas del centro cívico no iluminadas, con excepción del edificio EPM, desaparecen en la visión lejana.

Las infraestructuras viarias y de transporte que forman una malla en el centro, tan imponentes de día como en muchas otras metrópolis latinoamericanas, desaparecen totalmente al anochecer. Las partes inferiores de las obras civiles de transporte que encadenan los trayectos paralelos y transversales al río crean ambientes nocturnos angustiantes y poco atractivos.

 

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