Hay ciudades que, de tanto en tanto, se detienen para mirarse. Barcelona es una de ellas. Treinta años después, el Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA regresa a la ciudad con una pregunta de fondo que no es menor: ¿qué significa hoy hacer arquitectura en un planeta en transición?
Del 28 de junio al 2 de julio de 2026, más de 10.000 profesionales, estudiantes e instituciones de 130 países convertirán la ciudad en algo más que un escenario. En un laboratorio. En una conversación abierta. Y, quizá, en una cierta forma de conciencia colectiva.

Becoming: más que un lema
El título del congreso —“Becoming. Architectures for a planet in transition”— no es solo un eslogan bien formulado. Es, en realidad, una declaración de intenciones. “Becoming” implica proceso, transformación, incertidumbre. Algo que no está cerrado, que se está haciendo. Y esa idea atraviesa todo el programa. Las seis líneas temáticas —de lo ecológico a lo político, de los materiales a la poética— dibujan un mapa amplio, pero también necesario:
- More-than-human, donde la arquitectura deja de mirarse solo a sí misma.
- Circular, donde construir implica también reutilizar y reparar.
- Embodied, donde los materiales vuelven a tener peso (literal y cultural).
- Interdependent, donde la arquitectura se reconoce social y políticamente situada.
- Hyper-Conscious, donde la tecnología y la geopolítica ya no son contextos, sino materia de proyecto.
- Attuned, donde, por fin, aparece la pregunta por la sensibilidad.
No es poco.

Una ciudad como escenario (y como argumento)
El congreso no se encierra en un recinto. Se despliega. Desde las Tres Chimeneas hasta distintos puntos del frente marítimo, Barcelona se convierte en un recorrido que mezcla arquitectura, paisaje y memoria reciente. No es casual. Es una forma de decir que la ciudad no es el telón de fondo, sino parte activa del discurso. Hay algo interesante en esto: la voluntad de que el visitante no solo escuche, sino que experimente. Que camine. Que observe. Que contraste lo que se dice con lo que se habita.

Voces que importan (y preguntas incómodas)
El listado de ponentes —más de 250— es, como cabía esperar, amplio y diverso. Pero más allá de los nombres, lo relevante es el tipo de preguntas que se ponen sobre la mesa. Desde la mirada casi atmosférica de Junya Ishigami, hasta la aproximación territorial de Kate Orff o Dirk Sijmons, pasando por la radicalidad tranquila de Lacaton & Vassal, el discurso parece girar en torno a una idea común: hacer menos, pero hacerlo mejor.
También aparece con fuerza la cuestión social. La vivienda, inevitablemente. El espacio público. Las formas de convivencia. Escuchar a Jan Gehl hablar de ciudades que fomentan el encuentro, o a colectivos como Lacol repensar modelos habitacionales, introduce una dimensión que a veces el discurso arquitectónico evita: la de la responsabilidad.

Materiales, datos y contradicciones
Hay algo especialmente interesante en cómo el congreso articula dos mundos que a menudo avanzan en paralelo: el de los materiales y el de los datos. Por un lado, la recuperación de técnicas, de lo local, de lo que tiene sentido en un contexto concreto. Por otro, la irrupción de la inteligencia artificial, la digitalización y las dinámicas globales. Entre ambos, una tensión inevitable. ¿Cómo se construye hoy sin perder de vista lo que ya sabemos? ¿Cómo se incorpora tecnología sin vaciar de sentido la arquitectura? No hay respuestas únicas, pero al menos aquí se formulan bien las preguntas.

La arquitectura también es cultura
Quizá uno de los aciertos del programa sea cerrar con Becoming Attuned, ese espacio más difícil de definir donde entran la estética, la intuición, lo sensible. Porque, en medio de tanta urgencia —climática, social, tecnológica—, conviene recordar que la arquitectura también es una forma de cultura.
Las conversaciones en torno a Smiljan Radić, Tatiana Bilbao o los relatos visuales de Bêka & Lemoine apuntan precisamente ahí: a una arquitectura que no solo resuelve, sino que también emociona, interpreta y construye significado.

Más allá del congreso
Hay algo que sobrevuela todo el programa: la sensación de que este congreso no es solo un evento, sino un punto de inflexión. Barcelona ya no es la ciudad que fue hace treinta años. Tampoco lo es la arquitectura. Y, sin embargo, hay algo que permanece: la necesidad de reunirse, de discutir, de compartir visiones —a veces incómodas— sobre hacia dónde vamos.
Durante cinco días, la ciudad se convertirá en un espacio de conversación intensa. Después, como siempre, tocará volver a la práctica. A construir. A decidir. A equivocarse también. Porque, al final, eso es becoming.




